Como podemos observar en el gráfico adjunto de Eurostat (pinchar en el gráfico para ampliar), los datos de paro a febrero de 2010 son reveladores de la situación especial de España. La tasa media de la zona euro se situó en el 10%, una tasa históricamente alta desde el nacimiento de la moneda única. La crisis por tanto, ha impactado por igual en todos los países europeos con economías consolidadas y no consolidadas.
El caso español es llamativo. Según Eurostat la tasa armonizada de paro se situó en el 19%, lo que supone casi duplicar la tasa media de la zona euro. Es curioso como países que tienen en teoría una situación económica más complicada, tienen tasas de desempleo considerablemente menores. Estos estados están actualmente en el punto de mira de la vigilancia de los mercados financieros, agencias de rating y Comisión Europea, ante la posibilidad de que sus finanzas públicas terminen dañando la credibilidad del euro. Grecia, Portugal, Irlanda y España, al margen de la contaminación informativa que puede provenir de los respectivos ámbitos políticos, tienen una situación complicada porque a la crisis general se le añaden problema internos que agravan la recuperación. El caso español es relevante, en cuanto que una de las cinco primeras economías de la UE tiene un paro permanente superior no sólo que el resto de países de la Comunidad, sino que muchas economías en desarrollo. Hay expertos que dudan de las cifras que se publican, no porque los organismos estadísticos encargados de hacerlo estén manipulados y traten de modificar las cifras reales, sino porque en imposible entender como una economía desarrollada tenga unos niveles de desempleo tan descompensado respecto a la media. Nadie pone en duda que nuestro país necesita reformas estructurales rápidas, pero también es hoy por hoy indudable que la responsabilidad de esas reformas no las quieren asumir ninguno de los principales agentes económicos encargados de tomar las decisiones.