El panorama económico mundial para el segundo trimestre del año parece indicar que el crecimiento económico observado durante 2010 se tomará un descanso. Las economías avanzadas han optado por la consolidación fiscal y la demanda interna no termina de despegar, y el comportamiento observado por esta última ha estado influido por el repliegue de los planes fiscales de estímulos. La capacidad productiva sigue estando infrautilizada, sobre todo en las economías avanzadas, por lo que las presiones inflacionistas permanecerán controladas. El empleo ha sido el gran perjudicado por la crisis, y por ello, los factores de producción están todavía lejos de los niveles históricos. El ajuste inmobiliario es otro de los problemas que arrastran algunas economías entre ellas Estados Unidos, que generan incertidumbre sobre el crecimiento económico, debido al peso que tiene en el empleo y en la producción, y por tanto como locomotora de la economía. En el gráfico adjunto podemos ver las estimaciones que realiza Eurostat para el crecimiento económico de este año y el que viene de las principales economías desarrolladas y España, observándose como nuestro país quedará descolgado de la recuperación iniciada. Para el año que viene EEUU tendrá un resultado peor que en el 2010, igual que Japón, mientras que Alemania, Francia, Italia y Reino Unido tendrán un comportamiento contrario.
Se espera por ello un leve descenso en el comercio mundial, que seguirá siendo sólido, pero que estará lejos de las cifras presentadas durante este año. Los precios de las materias primas, y en particular del petróleo seguirá presionando la inflación de las economías desarrolladas, aunque no se esperen tensiones significativas debido al bajo nivel de utilización de la capacidad productiva en estos países.
En EEUU las dudas sobre un crecimiento en W ha generado la reacción de las autoridades federales, presentando medidas de estímulo fiscal como el reciente plan de infraestructuras, mientras la Reserva Federal sigue estando dispuesta a mantener las medidas cuantitativas tomadas durante la crisis, además de seguir inyectando liquidez con tipos de interés al mínimo durante el sementre en curso. Últimamente se ha comenzado a estudiar con mayor intensidad la reciente historia económica de Japón en busca de paralelismos y soluciones para evitar caer en su deflacción crónica y en la pérdida de potencial económico de su economía. Y es que en EEUU ha pasado de de crecer un 3,7% interanual en el primer trimestre, a hacerlo un 1,6% en el segundo, y visto el panorama hay serias dudas de volver a los datos de comienzos de año. El informe mensual del Banco Central Europeo de septiembre, señala como responsables de la pérdida de impulso de la economía americana la situación del mercado laboral y por consiguiente el bajo crecimiento de las rentas, el ajuste en las deudas de los hogares provocado por la menor riqueza financiera y las perspectivas futuras imprevisibles.
Por su parte Japón sigue con sus planes de estímulo fiscal y con nuevos paquetes de gasto en su economía para intentar estimular el consumo. En el segundo trimestre la demanda exterior ha sido la única partida que ha contribuido positivamente al crecimiento, mientras la demanda interna ha permanecido débil. La falta de vitalidad de la economía nipona no se ha reflejado en sus vecinos asiáticos cuyas economías emergentes siguen con crecimiento sólido gracias a la evolución de la demanda interna, la inversión y las exportaciones. Y es que estas últimas son el principal motor del crecimiento en la zona, registrándo el superhávit comercial de la zona los niveles previos a la crisis.
Según el informe citado del BCE para 2011 se espera que la economía mundial registre una tasa de crecimiento inferior a la del 2010, citando como elementos de riesgo la vuelta de las tensiones en los mercados financieros, un aumento de precios de las materias primas y en concreto del petróleo, las políticas proteccionistas y una corrección desordenada de los desequilibrios mundiales, algo que podemos ver en las políticas fiscales tan distintas que están llevando a cabo en ambos lados del atlántico, y la incapacidad para poner orden en la regulación financiera internacional.
Se espera por ello un leve descenso en el comercio mundial, que seguirá siendo sólido, pero que estará lejos de las cifras presentadas durante este año. Los precios de las materias primas, y en particular del petróleo seguirá presionando la inflación de las economías desarrolladas, aunque no se esperen tensiones significativas debido al bajo nivel de utilización de la capacidad productiva en estos países.
En EEUU las dudas sobre un crecimiento en W ha generado la reacción de las autoridades federales, presentando medidas de estímulo fiscal como el reciente plan de infraestructuras, mientras la Reserva Federal sigue estando dispuesta a mantener las medidas cuantitativas tomadas durante la crisis, además de seguir inyectando liquidez con tipos de interés al mínimo durante el sementre en curso. Últimamente se ha comenzado a estudiar con mayor intensidad la reciente historia económica de Japón en busca de paralelismos y soluciones para evitar caer en su deflacción crónica y en la pérdida de potencial económico de su economía. Y es que en EEUU ha pasado de de crecer un 3,7% interanual en el primer trimestre, a hacerlo un 1,6% en el segundo, y visto el panorama hay serias dudas de volver a los datos de comienzos de año. El informe mensual del Banco Central Europeo de septiembre, señala como responsables de la pérdida de impulso de la economía americana la situación del mercado laboral y por consiguiente el bajo crecimiento de las rentas, el ajuste en las deudas de los hogares provocado por la menor riqueza financiera y las perspectivas futuras imprevisibles.
Por su parte Japón sigue con sus planes de estímulo fiscal y con nuevos paquetes de gasto en su economía para intentar estimular el consumo. En el segundo trimestre la demanda exterior ha sido la única partida que ha contribuido positivamente al crecimiento, mientras la demanda interna ha permanecido débil. La falta de vitalidad de la economía nipona no se ha reflejado en sus vecinos asiáticos cuyas economías emergentes siguen con crecimiento sólido gracias a la evolución de la demanda interna, la inversión y las exportaciones. Y es que estas últimas son el principal motor del crecimiento en la zona, registrándo el superhávit comercial de la zona los niveles previos a la crisis.
Según el informe citado del BCE para 2011 se espera que la economía mundial registre una tasa de crecimiento inferior a la del 2010, citando como elementos de riesgo la vuelta de las tensiones en los mercados financieros, un aumento de precios de las materias primas y en concreto del petróleo, las políticas proteccionistas y una corrección desordenada de los desequilibrios mundiales, algo que podemos ver en las políticas fiscales tan distintas que están llevando a cabo en ambos lados del atlántico, y la incapacidad para poner orden en la regulación financiera internacional.