viernes, 29 de junio de 2012

Inflación alemana. Parte de la solución

Fuente: Eurostat
La capacidad de Europa para construir un espacio financiero común está resultando intenso y difícil, pero es evidente que no existen alternativas, en tanto que una moneda común sin integración fiscal es el motivo principal de desconfianza por parte de los mercados. El Euro se diseño inicialmente como mero instrumento para facilitar el intercambio comercial entre los países que forman la Unión Europea, siendo el Reino Unido el único de grandes estados europeos que decidió mantenerse al margen, conservando su autonomía monetaria y financiera, algo que en principio parece haberles beneficiado en la situación actual. Ellos pueden hacer una expansión monetaria y una bajada de tipos de interés sin tener que cuestionarse el impacto sobre los precios, toda vez que el crecimiento económico es prioritario, y una inflación moderada ayuda a absorber el exceso de deuda contraída por la crisis bancaria y financiera. En definitiva, disponen de autonomía para realizar una política económica y financiera independiente, teniendo en cuenta que la libra se puede reajustar y por tanto maximizar los objetivos que se persiguen.

La creación de la UEM hizo que los estados cedieran la soberanía de su política monetaria , transfiriendo por tanto la capacidad de establecer los tipos de interés en su economía, y también la posibilidad de utilizar el tipo de cambio para mejorar su competitividad vía devaluación. Este último instrumento es imposible de utilizar dentro de una unión monetaria, ya que se eliminan las monedas de cada estado y se introduce una nueva que es común para todos. De esta manera, se facilita el intercambio comercial entre los miembros, y se introduce una moneda fuerte, que facilita y amplia enormemente la capacidad financiera de los estados y su volumen de endeudamiento a un coste muy inferior. El principal problema en la cesión de este tipo de instrumento de política económica es que en un momento como el actual de crisis económica, hubiese sido de mucha ayuda reajustar la capacidad competitiva del país y su endeudamiento externo vía tipo de cambio. El otro instrumento cedido a Europa ha sido la capacidad de establecer los tipos de interés, que sirve principalmente para enfriar la economía cuando los precios suben a un ritmo que es perjudicial, o para estimular el crecimiento en épocas de desaceleración o recesión. El BCE sólo tiene como objetivo controlar los precios, o sea vigilar que la inflación no genere problemas de inestabilidad financiera y económica. Por tanto, el crecimiento no es un elemento de vigilancia y tampoco está dentro de su capacidad de decisión el estimular la economía vía tipos, algo que si tienen la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra. Al margen de las críticas que se realizan desde muchos sectores de la sociedad europea por la incapacidad del Banco Central Europea para actuar en una situación excepcional como ésta, el origen de esta ortodoxia financiera  tienen  su origen en la obsesión de los países del norte europeo por controlar los precios, y evitar la pérdida de poder adquisitivo de sus ciudadanos. Además de esto, quieren evitar que el BCE se convierta en una Reserva Federal de Europa, en tanto que sin unión fiscal y bancaria, el sistema de volvería a derrumbar con consecuencias aún peores que las actuales. Probablemente la capacidad del Euro para seguir siendo la segunda moneda mundial dependa de la utilización que se haga de su banco central. 

En conclusión, sin profundizar en una mayor unión fiscal y bancaria, el modelo de la Reserva Federal de EEUU no es importable a Europa, y mientras que se consigue que los socios se pongan deacuerdo puede tardar bastante más años de los que disponen. Los dos mecanismos financieros puestos en marcha serán de gran utilidad para calmar los mercados y bajar los tipos de interés de la deuda española e italiana, pero no es la solución definitiva. Es un analgésico que nos calmará el dolor, pero la herida tendrá que curarse con tiempo y otro tipo de medicamentos. Uno de ellos puede ser que Alemania genere inflación diferencial frente a países como España, haciendo que esta última gane competitividad y crezca via exportaciones, ya que su consumo privado y público está muy perjudicado por las actuales circunstancias. España a su vez tiene que hacer reformas para conseguir que exista ese diferencial y de ahí las obligaciones impuestas por sus socios. En fin, evitar que España e Italia caigan en una recesión profunda y duradera evitaría un perjuicio enorme a las exportaciones germanas, ya que son sus principales clientes. Los tipos de interés bajos del BCE generan inflación en Alemania y en España, pero la primera deberá absorber ese perjuicio, y España por su parte tendrá que hacer reformas estructurales importantes para mantener los precios internos, esquivando un perjucio mayor en la capacidad adquisitiva de los consumidores, ya muy perjudicada por los ajustes salariales y de riqueza puestas en marcha en sus reformas del mercado laboral.